Durante años, buena parte de la conversación sobre ejercicio ha girado alrededor de los resultados: cuántos kilómetros recorrimos, cuánto tiempo entrenamos o qué tan rápido conseguimos una meta. Aunque estos indicadores permiten reconocer avances, existe otra pregunta que merece atención: ¿disfrutamos lo suficiente la actividad como para querer repetirla? Para Mónica Reyes Fuchs, esta cuestión es fundamental cuando se trata de construir hábitos que puedan mantenerse a largo plazo.
La idea no consiste en restarle importancia a la disciplina ni a los objetivos, sino en ampliar la manera de entender el éxito. Una rutina también puede evaluarse por la satisfacción que produce y por el lugar que consigue ocupar en nuestra vida cotidiana.
El disfrute como parte de la disciplina
Esta perspectiva se relaciona con el concepto de joyful movement, una tendencia que propone incorporar el placer y la satisfacción personal a la práctica de actividad física. En lugar de concentrarse exclusivamente en el rendimiento, invita a reconocer cómo nos sentimos mientras nos movemos y qué experiencias hacen que deseemos continuar.
Mónica Reyes Fuchs encuentra en esta filosofía una manera distinta de relacionarse con el ejercicio. Desde su experiencia, la motivación no siempre necesita provenir de un objetivo cuantificable. A veces, saber que una actividad nos hará sentir bien es razón suficiente para realizarla.
“Sólo el saber que me voy a sentir bien mientras lo hago muchas veces ya es suficiente motivación para mí”, comenta.
Esto no significa que el esfuerzo desaparezca. Una actividad puede ser físicamente demandante y, al mismo tiempo, resultar gratificante. La diferencia está en que el esfuerzo deja de ser el único elemento que define la experiencia.
Una motivación que puede sostenerse en el tiempo
La investigación también ofrece argumentos para considerar esta perspectiva. Una revisión publicada en Health Psychology Review, dedicada a estudiar la motivación y la actividad física, encontró que las formas de motivación más autónomas —aquellas relacionadas con el disfrute, los valores personales o el significado que atribuimos a una actividad— se asocian con una mayor participación en el ejercicio.
Para Mónica Reyes Fuchs, este planteamiento permite entender por qué algunas rutinas consiguen integrarse a nuestra vida mientras otras terminan abandonándose. Los resultados inmediatos pueden ser estimulantes, pero la conexión personal con una actividad contribuye a mantener el interés cuando los avances son menos evidentes.
Pequeñas decisiones que transforman la experiencia
Encontrar esa conexión no necesariamente requiere cambiar por completo nuestra rutina. Puede comenzar con decisiones sencillas: elegir música que disfrutemos, caminar en un lugar agradable, entrenar con amigos o encontrar un horario en el que tengamos más energía.
“Cualquier actividad física puede convertirse en parte de nuestra vida si encontramos una razón para regresar”, afirma Mónica Reyes Fuchs.
En ese sentido, el rendimiento sostenible también implica reconocer nuestras necesidades y preferencias. Para una directora general acostumbrada a trabajar con objetivos y responsabilidades, esta visión no representa una renuncia a la exigencia, sino una manera de entender que los resultados más valiosos también dependen de la continuidad.
Al final, los kilómetros, los minutos y las marcas personales siguen teniendo utilidad. Sin embargo, existe otro indicador que merece un lugar en la evaluación: las ganas de volver. Cuando una actividad deja de sentirse como una obligación y se convierte en algo que queremos conservar, el hábito adquiere una dimensión mucho más duradera.
También te puede interesar: Abre DOMO nueva sede en Querétaro, un espacio para la creatividad y el talento










