La Secretaría de Cultura del Gobierno de México y el Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura (INBAL), a través del Museo Nacional de Arte (MUNAL), presentan en el Museo de Arte de Querétaro la exposición “Angelitos. La vida y la muerte niña en México”, que reúne 35 obras en torno a los rituales funerarios dedicados a los llamados “angelitos”.
“México tiene una historia artística plural, y sus colecciones públicas deben estar al alcance de todo el país. Por primera vez, el MUNAL presenta en Querétaro 35 obras sobre la muerte niña, una tradición arraigada en el Bajío. Esta itinerancia reconoce el aporte de la región al arte nacional y amplía el acceso público a los acervos”, señaló la secretaria de Cultura, Claudia Curiel de Icaza.
De las 35 piezas que integran la muestra, 22 pertenecen al acervo del MUNAL. Las restantes proceden de la Fototeca Romualdo García y de dos colecciones particulares. En conjunto, dan cuenta de la relevancia histórica y simbólica del Bajío mexicano en torno a esta tradición artística y ritual.
Rito funerario
Se trata de la primera exposición itinerante del MUNAL dedicada específicamente al rito funerario de la “muerte niña” y sus dimensiones estéticas, sociales y espirituales. Con una propuesta curatorial de Ramón Avendaño, la muestra explora esta tradición, situada entre la fe, la memoria y las representaciones de la infancia, a través de la pintura y la fotografía de los llamados “angelitos”: niños fallecidos considerados, dentro de la religión cristiana, seres puros destinados a ingresar directamente al paraíso.
Durante el siglo XIX y las primeras décadas del XX, especialmente en regiones del Bajío y Occidente, como Guanajuato y Jalisco, estas creencias dieron lugar a rituales funerarios profundamente arraigados, en los que la muerte infantil se concebía como un tránsito espiritual. El recorrido aborda aspectos centrales de esta práctica cultural, que atribuía a los infantes cualidades celestiales.
La muestra pone en diálogo la pintura académica y popular con la fotografía decimonónica, y revela distintas maneras de concebir la infancia, la muerte y la trascendencia. Pinturas sobre lámina y lienzo, junto con fotografías, muestran a los infantes ataviados con símbolos de pureza —túnicas blancas, coronas de flores, palmas o alas— en escenas que oscilan entre el dolor y la esperanza. Estas imágenes preservaban la memoria de los niños y constituían un testimonio tangible para sus familias.











