Un comentario incómodo puede provocar una respuesta inmediata. Un problema inesperado puede convertirse en enojo. Una discusión puede escalar antes de que cualquiera de las personas involucradas tenga tiempo de pensar qué está intentando resolver.
Reaccionar rápidamente forma parte de la experiencia humana. Sin embargo, Ivonne Mancera Valdivia considera que existe una capacidad que puede entrenarse: aprender a crear una pausa antes de responder.
Ella misma reconoce que ha sido uno de los aprendizajes que más trabajo le ha costado incorporar.
Después de años estudiando diferentes herramientas de desarrollo personal y del trabajo realizado con el método de aplicación mental, todavía existen momentos en los que el impulso aparece primero. La diferencia, explica, es que hoy intenta reconocerlo antes de permitir que determine automáticamente lo que ocurre después.
Observar, detenerse, revisar y entonces responder; esta secuencia forma parte del entrenamiento mental que Mancera Valdivia desarrolla desde IMCU, su gimnasio mental digital. La intención no es alcanzar un estado en el que una persona jamás vuelva a reaccionar impulsivamente, sino practicar una habilidad hasta incorporarla con mayor frecuencia a la vida cotidiana.
Entrenar no significa hacerlo perfecto
La comparación con un gimnasio resulta especialmente útil porque nadie espera desarrollar fuerza física después de una sola sesión.
Ivonne Mancera aplica el mismo principio al trabajo mental. Una reacción practicada durante décadas difícilmente desaparecerá después de identificarla una vez. Cambiar la respuesta requiere repetición, autoobservación y corrección.
Ahí aparece también una diferencia importante frente a la idea de “pensar positivo”. El objetivo no consiste en reemplazar automáticamente cualquier pensamiento incómodo por uno agradable, ni en negar aquello que está sucediendo.
Para Mancera Valdivia, una de las preguntas que pueden ayudar a generar ese espacio es cambiar el “¿qué hago?” inmediato por un “¿para qué me está pasando esto?”. No porque exista necesariamente una respuesta única, sino porque formular una pregunta antes de actuar interrumpe por un momento la respuesta automática.
Ese momento puede parecer insignificante, pero es precisamente donde comienza el entrenamiento.
Ivonne Mancera Valdivia insiste además en que continúa practicándolo. Hay días complicados, momentos de miedo y ocasiones en las que detenerse resulta más difícil. Esa imperfección también forma parte del proceso.
IMCU parte justamente de esa lógica; entrenar la mente no porque deba funcionar perfectamente, sino porque las capacidades que utilizamos todos los días necesitan práctica.
La meta no es vivir sin problemas, emociones incómodas o impulsos. Es conseguir que, cada vez con mayor frecuencia, entre aquello que sucede y aquello que hacemos exista espacio suficiente para poder elegir.











