El panorama industrial contemporáneo en México exige algo más que eficiencia operativa; demanda una identidad sólida que sea capaz de competir en los mercados internacionales más rigurosos.
En este contexto, la figura de Alfredo Gadsden, CEO de Grupo Escato, ha emergido no solo como un gestor de capitales, sino como un estratega que apuesta por la dignificación del origen. Su gestión se ha caracterizado por una defensa férrea de la capacidad técnica nacional,transformando la narrativa de la producción local en una historia de éxito e innovación.
El valor estratégico de la manufactura con identidad nacional
Para Gadsden, el sector del mobiliario y la infraestructura comercial no debe ser visto únicamente como un eslabón en la cadena de suministro, sino como una vitrina del talento mexicano.
Bajo su liderazgo, la organización ha adoptado una filosofía donde la calidad no es una meta, sino un punto de partida. Esta visión se traduce en un apoyo decidido a la producción nacional, entendiendo que el robustecimiento de la economía interna depende directamente de la capacidad de las empresas para generar valor agregado en cada proceso.
La convicción del directivo descansa en un diagnóstico claro: la mano de obra en el país posee una destreza técnica que,cuando se combina con tecnología de punta, alcanza niveles de sofisticación comparables a cualquier potencia industrial.
«Creemos firmemente en el poder de la mano de obra mexicana y en nuestra capacidad para crear productos que no solo cumplen, sino que superan los estándares internacionales», afirmó Gadsden. «Mi misión es asegurar que Grupo Escato sea un espejo de esa capacidad y un catalizador para su crecimiento.»
Fortalecimiento del tejido laboral y modernización tecnológica
El impacto de esta visión trasciende los discursos y se materializa en indicadores económicos tangibles. Actualmente, la operación dirigida por Gadsden sostiene más de 350 empleos directos y moviliza hasta 500 puestos indirectos, lo que representa un pilar de estabilidad para cientos de familias vinculadas al sector.
Sin embargo, el enfoque no se limita a la retención de personal, sino a su evolución profesional. A través de programas de capacitación especializada, se ha logrado elevar la competencia técnica del equipo, permitiendo que la transición hacia la modernización tecnológica sea orgánica y efectiva.
Uno de los hitos más relevantes en esta administración ha sido la implementación de infraestructuras sostenibles. La adopción de paneles solares bajo modelos de Asociación Público-Privada (APP) no solo responde a una responsabilidad ambiental, sino a una estrategia de eficiencia energética que permite reinvertir ahorros operativos en innovación y desarrollo tecnológico.
Este movimiento financiero estratégico asegura que la empresa mantenga su competitividad sin comprometer su flujo de caja, demostrando que la sostenibilidad es un negocio inteligente.
La certificación como sello de garantía global
El punto de inflexión más reciente en esta trayectoria ocurrió el pasado 11 de noviembre de 2025, con la obtención formal del sello Hecho en México. Para Alfredo Gadsden «Hecho en México» no es solo una etiqueta adherida a un producto; es un manifiesto de responsabilidad industrial.
«Ser reconocidos con el sello Hecho en México es un compromiso y una responsabilidad», comentó. «Nos posiciona como un referente en la manufactura mexicana y nos impulsa a seguir promoviendo la excelencia. Es un claro mensaje de que en México producimos con calidad global, orgullo y un profundo respeto por nuestro legado», concluyó.
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