Categorías: Opinión

Luis Arrellano: No necesito verte

Ciudad de México 21 Noviembre. Luis Arrellano 

Los ciegos pueden elaborar e identificar imágenes. Mediante procesos sensoriales obtienen conocimiento e interactúan con personas, espacios u objetos. Por eso miran y nos miran.

Entender la imagen como un fenómeno interno, multisensorial y simbólico, moldeada por la condición perceptiva y el contexto cultural de cada individuo permitió a María Tercero Tovar elaborar uno de los ensayos más sugerentes relacionados con la ceguera.

En un trabajo etnográfico, la investigadora propone dejar de lado los prejuicios construidos en torno a la pérdida de la vista como «discapacidad», pues históricamente se ha considerado que la certeza y el raciocinio solo están conectados a ese sentido. Existe la impresión de que la verdad o la razón están asociadas a lo físicamente descriptible, tesis que se potencia ante el desarrollo de las tecnologías visuales. Error cultural.

Y es que perder la vista no significa vivir en la oscuridad. La oscuridad es un concepto que distorsiona el universo íntimo, lleno de imágenes en que habitan quienes nacieron ciegos, desarrollaron la ceguera o son débiles visuales.

Lo anterior puede plantearse desde el trabajo que Tercero Tovar realizó al convivir y experimentar el proceso creativo en la llamada fotografía de ciegos. El mérito de la investigadora radica en reconocer no solo los elementos naturales sino también culturales vinculados al sentido de la vista. Por eso su libro es distinto a otras aproximaciones publicadas con anterioridad sobre el mismo tema.

Estas fotografías, explica, constituyen en los hechos «un significativo medio de comunicación con el mundo vidente» debido a lo cual «es necesario desconceptualizar la imagen y pensarla como un objeto maleable, no como una superficie visual estática». En este sentido la afirmación de Miguel Ángel León es clarificadora. El fotógrafo ciego asegura que «nuestra imagen es mental no visual, ahí está la diferencia».

Para Tercero Tovar si la imagen se escucha, se toca o se siente, entonces existe. No necesita ser reconocida por el sentido de la vista. La joven experta en relaciones multiculturales asegura que si los fotógrafos ciegos han insistido en esta exploración —a partir de sus imágenes interiores— es «para comunicar que ellos también tienen esa necesidad primordial de imágenes».

El ciego, abunda, busca generar un conocimiento de su entorno «valiéndose de lo que su propio cuerpo le permite percibir e imaginar nutriéndose de la perspectiva de otros». Lo que no pueden ver está presente de otras formas. No viven un tiempo fragmentado, asegura; en realidad habitan un espacio «que progresivamente se renueva en función de las referencias visuales, los recuerdos y las nuevas experiencias».

Ciertamente el ciego ve imaginando, de hecho, no da connotación ocular al emplear el verbo «ver». Y aquí se encuentra, desde mi perspectiva, el dato relevante aportado por Tercero Tovar quien sugiere que la categoría de discapacidad conlleva realidades no solo físicas sino culturales. Por eso propone «considerar la diversidad sensorial como una diversidad cultural». En este punto, la investigadora advierte que la necesidad de construir y resguardar recuerdos no desaparece con la ceguera.

Esto puede significar que, al replantearse el sentido de la discapacidad, en especial de la imagen, se modifiquen también otros valores que nos vinculan y determinan en el espectro de la representación sea religiosa, política o del mercado.

Si la fotografía de ciegos, como plantea María Tercero, «es producto de la precipitada coyuntura y transformación de ideas», ¿en que otros ámbitos de la percepción la ceguera puede contribuir a la emergente necesidad de sentir, más que mirar, la vida de otra forma?

Si el ciego apela a su imaginación para interpretar el entorno en el que vive y sueña (algunos ciegos aseguran ver durante el sueño), resulta imponderable revisar cómo estamos construyendo las formas y las apariencias del paisaje existencial registrado a partir de lo observado.

Quizá la crisis puede resolverse desde un enfoque no ocular. Quizá es la ceguera el mejor camino para entender e incluso imaginar formas emergentes de convivencia en estos tiempos de transición.

Referencia:

  • Tercero Tovar, María. De la ceguera a la imagen. Centro de la Imagen/Secretaría de Cultura, 2017, México.

@LuisManuelArell

Aclaración: El contenido mostrado es responsabilidad del autor y refleja su punto de vista.
Redacción

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