El Tren México-Querétaro ha sido evaluado por la Secretaría de Infraestructura, Comunicaciones y Transportes (SICT), cumpliendo con la normativa ambiental vigente. El estudio determinó que el 51% de las superficies donde pasará el tren son de uso agrícola, pecuario o forestal, es decir, terrenos ya intervenidos. Solo el 27% corresponde a áreas con funciones ecológicas más sensibles, como vegetación y cuerpos de agua.
Además, el proyecto contempla una ruta que aprovecha infraestructura ferroviaria existente, minimizando la necesidad de invadir nuevos ecosistemas. Esta estrategia reduce significativamente el impacto ambiental directo.
Uno de los puntos clave del proyecto es la construcción de pasos de fauna. Estas estructuras ayudarán a evitar la fragmentación de hábitats, permitiendo el movimiento seguro de especies animales. El análisis de la biodiversidad mostró que las aves y reptiles son las especies más comunes en la región, y estas medidas buscan proteger sus rutas naturales.
Asimismo, se anunció un programa de rescate y reubicación de flora y fauna afectada por la construcción. Este plan incluye la recuperación de especies y la compensación ambiental para contrarrestar la pérdida de vegetación, especialmente el matorral crasicaule, presente en algunas zonas del trayecto.
El tren recorrerá 230 kilómetros conectando Ciudad de México, Estado de México, Hidalgo y Querétaro. Contará con tres estaciones nuevas y aprovechará la existente en Buenavista. Su diseño híbrido, operando con diésel y electricidad, permitirá alcanzar velocidades de hasta 160 kilómetros por hora, reduciendo el tiempo de viaje a solo una hora con 50 minutos.
Este proyecto no solo busca mejorar la movilidad, sino también fomentar la economía regional. La rehabilitación de vías ferroviarias impulsa el transporte de mercancías y personas, facilitando la conexión entre estados clave para la industria y el comercio.
La Agencia Reguladora del Transporte Ferroviario anunció un plan integral de compensación ambiental. Entre las acciones destacadas se incluyen el manejo de residuos, el control de partículas suspendidas y la mitigación de erosión del suelo. Estas medidas buscan minimizar los impactos en aire, agua y tierra durante la construcción.
A pesar de la remoción de más de 90 hectáreas de vegetación, el proyecto prevé la recuperación ecológica de las zonas afectadas. El objetivo es lograr un balance entre el desarrollo de infraestructura y la preservación de los recursos naturales.
El Tren México-Querétaro se posiciona como una obra clave para mejorar la conectividad nacional, garantizando al mismo tiempo la protección ambiental mediante estrategias sostenibles. ¿Será este modelo replicable para futuros proyectos de infraestructura en México? La combinación de tecnología, eficiencia y responsabilidad ambiental puede marcar un nuevo estándar en la construcción de grandes obras públicas.
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