La Sierra Gorda de Querétaro: un paraíso por impulsar.

La Sierra Gorda
La Sierra Gorda de Querétaro: un paraíso por impulsar.

“¿Al bosque? ¿Vamos a ir a un bosque?”, me preguntó sorprendida mi prima cuando su esposo mencionó que no podría ir “al bosque” por cuestiones de trabajo. No sé bien qué se imaginaba ella, ni todos los que no conocen esta zona montañosa de Querétaro. La Sierra Gorda sí tiene importantes zonas boscosas dentro de su territorio –el cual empieza donde termina el semi-desierto queretano– pero para encontrarlas tienes que adentrarte lo suficiente en ella y explorarla.

Extrañamente para mí, lo que se promociona de la Sierra, como le llamamos los que la queremos, no son sus bosques, sino sus pocas cascadas, como el Chuveje; sus zonas cálidas y semi-desérticas, como Bucareli, o selváticas, como Puente de Dios; sus legados coloniales, como las Misiones Franciscanas, y algunas de sus maravillas naturales bastante inaccesibles, como el Sótano del Barro. Pero la Sierra es mucho más que sólo esos puntos conocidos…

La riqueza y diversidad de la Sierra

La Sierra Gorda es todos sus climas y ecosistemas; es su combinación de temperaturas frescas e inmediatamente calurosas, cambiando de una población a la siguiente sin razón aparente más allá de la altura de la montaña en la que se encuentra cada una. La Sierra Gorda es su gente; sus ‘buenos días’ amables, sus gestos marcados por el sol, sus manos trabajadoras, sus niños corriendo libres y panzoncitos; sus miles de tienditas que venden lo que los turistas creen que quieren, pero que esconden detrás de la puerta trasera parcelas de cultivos de lo que ellos viven y lo que en realidad quisiéramos probar los que visitamos: manzanas, elotes, chiles y ganado que crean vinos, tortillas, embutidos y carne más orgánica que la de cualquier tienda hípster.

La Sierra Gorda es el espacio entre los árboles en donde te puedes sentar a escuchar el silencio; y también es sus senderos, por los que caminando puedes descubrir no sólo especies de fauna y flora, y millones de tonos de verde, sino rincones de ti mismo que no conocías. La Sierra Gorda es el momento en el que por fin te sientas, después de preparar el área que habitarás por esa noche, ya sea en una cabaña o construyendo con tus manos una casita de campaña, para tomar una bebida junto a un fuego que también iniciaste tú con alguno de los dos fines más básicos que el ser humano tiene para este elemento: comer o entrar en calor.

La Sierra Gorda es todos esos momentos con tu familia o amigos; instantes que simplemente no podrías tener de otra forma, viéndose a los ojos y sin la menor prisa; nada te persigue, nadie te presiona (ni siquiera el teléfono suena). Eres tú y ellos en este lugar donde el tiempo parece haberse detenido con el simple propósito de que juntos contemplen ese espacio y lo vivan. La Sierra Gorda es, justamente, desconectarte de todo lo conocido para volver a conectar con lo olvidado.

Es permitirte pausar y encender tu propia antena, en sintonía con lo más básico y profundo de nosotros como humanos: la naturaleza.

La otra realidad de la Sierra

Pero la Sierra Gorda también es (y esto me cuesta escribirlo justamente porque la quiero tanto) la definitiva falta de infraestructura turística y el falso progreso con el que disfrazan las obras públicas, que pocas veces tienen que ver con lo que esa zona realmente necesita… La Sierra necesita variedad en su oferta gastronómica y de hospedaje; apoyos económicos sustanciales y capacitaciones concretas para poder ofrecer al turista lo que necesita y lo que quiere, y no sólo lo que los locales conocen.

La Sierra también es la falta de empleos, y la necesidad de irse a buscarlos pal’ Norte, con todas las complicaciones que eso trae a una familia. La Sierra necesita doctores y hospitales –y dentistas y enfermeros y hasta podólogos–, porque cuando alguien se enferma o tiene un accidente, difícilmente podrán encontrar a un médico en su localidad que los pueda atender, y tienen que trasladarse (lo más rápido que se puede en esos caminos y en una carretera así) hasta Jalpan de Serra donde, si tienen suerte, alguien en el centro de salud podrá curarlos (y si no, al menos sabrán que hicieron todo lo que podían llevándolo, lo más rápido que pudieron, hasta allá).

También es falta de escuelas primarias y secundarias (y por supuesto también de educación superior), y falta de conectividad con transportes que funcionen y sean seguros.

La realidad de la Sierra, y cientos de comunidades más

Y, desviándonos un poco del tema, aceptemos que esto no es sólo en la Sierra Gorda de Querétaro… sino en todas las comunidades de México (y de Latinoamérica) que se encuentran de algún modo aisladas y que no por eso –¡de ninguna manera!– deberían ser ignoradas. La gente serrana viaja como puede a las ciudades cercanas a abastecerse, a atenderse, a hacer sus trámites necesarios. Y, dicho sea de paso, ellos también necesitan formas de entretenimiento más allá de la televisión; tener acceso a internet y a la misma información que todos los demás. Tienen derecho a elegir cómo quieren vivir.

Pero esto nadie se los ha dicho. Nadie les ha preguntado qué les hace falta, qué necesitan, cómo quisieran mejorar sus localidades. Los gobernantes cambian cada tercer año: llegan, echan pavimento donde ellos creen que se necesita, y luego levantan un espectacular en la carretera presumiendo cuántos metros más han pavimentado. Y sí es cierto que mejoran las carreteras y acortan los trayectos, de eso no hay duda, pero vuelvo a cuestionar: ¿Por qué seguimos priorizando a los vehículos motorizados y no a las personas? ¿Por qué no ayudamos a la gente serrana a mejorar sus vidas más allá que sólo conservando la inmensa riqueza natural entre la que viven? ¿Por qué no retener y hasta remunerar de forma abundante la fuerza de los jóvenes y sus ganas de trabajar y de tener una mejor vida? ¿Por qué le regalamos tan fácilmente esa gran virtud mexicana al país vecino?

Hemos visto miles de personas que caminan a la orilla de la carretera –resignados a la idea con la que han vivido siempre de que su camino es largo, “pero es el que hay”–, les hemos ofrecido un ride, que siempre ofrecen pagar. ¿Por qué no hay un autobús que les dé esos rides a quienes los necesiten? ¿Por qué no hay un programa que acerque verdaderamente la salud y la educación? ¿Por qué todos los programas promovidos hablan de la conservación de la flora y fauna, más no del impulso a los pobladores de esa zona? ¿Por qué no enseñarles todo –tanto, tantísimo– lo que podrían aprender para vivir como ellos elijan? ¿Por qué, papá gobierno, no cuidas más a esos hijos que se esconden entre montañas y nubes, entre vegetación y ríos? ¿Por qué?

Continuará…

*Si quieres visitar la Sierra Gorda, la Secretaría de Turismo del Estado de Querétaro ha creado un sitio web sumamente útil para planear tu viaje y conocer lo mejor que tiene nuestro estado. ¡Visítalos!

 

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