Thanksgiving: un festivo que deberíamos adoptar

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Thanksgiving: un festivo que deberíamos adoptar

Nunca he entendido cómo se decide lo que importamos de otros países. Y no me refiero a artículos u objetos como tal, sino a costumbres, tradiciones y festividades. ¿Por qué replicamos tiendas y costumbres híper-consumistas, pero no copiamos todo lo bueno que ofrecen? Como la seguridad en las calles, los parques y las bibliotecas, el sistema de transporte público funcional o el autobús escolar obligatorio. ¿Por qué? ¿Qué sí pasa el filtro y qué no? ¿Cómo se hace la selección? ¿Con quién se tiene que hablar de esto? Porque tengo una propuesta: adoptemos Thanksgiving.

La celebración de Thanksgiving o, en español, el Día de Acción de Gracias, sucede en Estados Unidos cada año el 4to jueves del mes de noviembre, y coincide siempre con la temporada de futbol americano. Inicialmente se hacía para agradecer las cosechas, y hasta la fecha se comen platillos tradicionales americanos y de la época otoñal: pavo, puré de papa o de camote, maíz dulce, salsa de arándanos, ejotes y panqué de calabaza, entre otras variaciones. En muchas ciudades hay desfiles temáticos en las calles y muchas personas incluyen en su tradición de este día ir a servir comida a los más necesitados.

Aunque en realidad, como su nombre lo especifica, Thanksgiving se trata justamente de llevar a cabo la acción de agradecer. No es el único país que tiene una celebración de este tipo; Canadá, Alemania, Australia, Inglaterra, entre otros, tienen festividades similares. Tradicionalmente, las familias se reúnen a cenar, juntándose desde temprano a preparar todo en grupo y a convivir, marcando el inicio de las festividades de invierno.

De hecho se dice que el “primer” Thanksgiving estadounidense (que de hecho genera algo de polémica porque, como siempre, hay diferentes perspectivas) fue celebrado en 1621 por los peregrinos llegados de Inglaterra a Estados Unidos, después de su primera cosecha en el Nuevo Mundo. Una cena en la cual compartieron la mesa con algunos indios americanos.

En la vida moderna, muchas de nuestras tradiciones ancestrales ya tienen poca cabida. Con la información que tenemos hoy en día, difícilmente alguien hará sacrificios animales ni bailaremos alrededor del fuego con sonajas naturales en las piernas. Por suerte, la tecnología nos permite ir conociendo más y más las costumbres de otros países y así adoptar algunas. Depende de nosotros decidir cuáles van con nuestra vida y elegir aquellas que tienen sentido para nosotros, para nuestra familia.

La acción de agradecer

Agradecer o sentirse agradecido no es igual a cuando nuestros papás nos decían: “¡Da las gracias!!” a modo de orden y regaño al mismo tiempo, bajo la justificación de ser educados o tener buenos modales. La acción de agradecer, en un día como Thanksgiving, implica apreciar tu vida completa, y por lo tanto cada una de las pequeñas cosas que la componen y la hacen mejor.

No es necesario compararse con los demás, o ni siquiera con cómo estabas hace un año… Es respirar, tomarse un momento para ver la imagen completa de lo que es tu vida hoy, y dar gracias desde el fondo de tu alma por lo que verdaderamente aprecias. Ya sea porque quieres que así siga o para que venga más de lo mismo. No hay reglas con respecto a lo que agradeces, y no implica competir con los demás. Es un momento tan genuinamente personal o colectivo como tú lo quieras hacer.

Démonos cuenta de lo fácil que es tomarnos un día al año para agradecer. Un día. ¡Vamos, que idealmente deberíamos agradecer una vez al día mínimo! Pero hoy se trata de destinar una tarde completa a hacernos completamente conscientes, en tiempo presente, de todo lo bueno que baña nuestra vida. Para reunirnos con la gente que más queremos, con quien disfrutamos la vida, y simplemente dar gracias por todo lo que trajo este año. Thanksgiving es un esfuerzo colaborativo, no se trata de que la abuelita o la mamá hagan todo y luego lleguen todos a la hora de sentarse a la mesa sin ser partícipes de los preparativos, como sucede muchas veces. Se trata de unir manos y corazones para hacer una pausa, voltearnos a ver por un momento y decir: gracias, vida.

 

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