Querétaro, despidámonos del cubrebocas como el resto del mundo ya lo ha hecho

El uso del cubrebocas en las escuelas de Querétaro debería cambiar según expone la sociedad queretana.
Querétaro, despidámonos del cubrebocas como el resto del mundo ya lo ha hecho

Estimadas autoridades estatales y municipales:

Esta es una carta de inconformidad ante una situación que me parece urgente de atender. Y dado que estoy completamente de acuerdo con la idea de que “las personas debemos el progreso a los insatisfechos”, como lo dijo Aldous Huxley, me atrevo a exponerla aquí hoy.

Permítanme por favor ser la voz de los niños y profesores del estado de Querétaro, la que comunica –a ustedes y todos los demás involucrados, como USEBEQ– la insistente y urgente necesidad de erradicar las mascarillas en los salones de clase. Esta carta es para ustedes, y para todo aquel que quiera abrir los ojos a las incongruencias diarias relacionadas con las restricciones que están viviendo nuestros hijos. 

El tiempo ha pasado, mucho ha cambiado en otros países, incluso en otras ciudades del país, pero todo sigue igual en los colegios queretanos. Acabó un año escolar, inició otro y los protocolos parecen seguir igual. ¿Por qué no nos actualizamos? ¿Por qué no seguir el ejemplo de otros lugares como Ciudad de México, Guadalajara, España, Estados Unidos?

“Mamá, ¿por qué si en otros países ya quitaron el cubrebocas aquí todavía no?”, me pregunta mi hijo de seis años, que tiene la fortuna de viajar y de interesarse por el mundo y quien puede darse cuenta de las incongruencias. Mi hijo de tres años, cada vez que lo dejo en la escuela, me contesta lo mismo: “no quiero cubrebocas”. Pues no, mi amor, quién sí lo querría cuando el COVID ya es parte de nuestra vida, pero por suerte ya no la amenaza; cuando ya la mayoría de las personas están vacunadas y/o han padecido alguna de sus cepas, desarrollando las defensas necesarias para vencerlo en menos de siete días; cuando el resto del mundo ya se ha dado cuenta de que no podemos vivir cubriendo nuestros rostros, y mucho menos el de los niños y maestros, que necesitan comunicarse con más que palabras. 

Hoy empieza la cuarta semana de este año escolar. Pensemos en cuántos cubrebocas se han usado y convertido en basura ya, si consideramos el daño al medio ambiente y –cómo no– a los bolsillos. Pero pensemos más allá de eso y abramos los ojos a todos los rezagos que ya tienen muchos de los niños del país a causa de los meses en pandemia (un mejor reto para dedicar su atención, planear y atender), ¿por qué aumentaríamos esa desventaja con la continuación del uso del cubrebocas?

Un niño y un profesor, para comunicarse, entenderse y progresar en el aprendizaje, requieren de toda la información que te da un rostro cuando habla; reciben el lenguaje hablado, pero se están perdiendo de los gestos, las expresiones y todo el aprendizaje que sucede a partir de observar y copiar a la maestra.

Los niños aprenden de los adultos así, y ahora mismo se están perdiendo de una gran parte de lo que implica aprender a hablar, o un idioma nuevo, o simplemente lo que está sintiendo y diciendo quien los educa cinco días de la semana de ocho a dos.

Justamente ayer hablaba con una maestra de Kínder 3, quien me dijo francamente que su trabajo se había complicado infinitamente a partir del uso del cubrebocas. Cabe recalcar que esto me lo decía en una fiesta de 50 personas, más niños, en la que absolutamente ningún invitado traía cubrebocas (eso sí, los meseros son obligados a usarlo, lo cual, seamos honestos, es elitista, clasista y simplemente denigrante).

Los niños aprenden por imitación, y en preescolar están todavía formando su lenguaje, su pronunciación, su vocabulario. Es casi imposible hacerlo con algo que tapa por completo tu boca.

Los niños salen por la tarde, con sus mismos amigos de la escuela, al parque o a una fiesta, y no tienen que usar el cubrebocas. Juegan juntos, cerca del otro, platican y se ríen, mientras sus mamás y papás también conversan sin barrera. Pero al despertar otra vez deben usarlo, como si la escuela fuera el único lugar de probable contagio.

Exploremos la posibilidad de cuestionarnos las reglas que se quedaron post-pandemia. En la mayoría de los países y en algunas ciudades de México ya no es obligatoria la mascarilla en las escuelas, dejándolo a criterio de los padres si quieren que sus hijos todavía la usen. Me he acercado en dos ocasiones, a dos colegios diferentes, a solicitar el documento que marca los protocolos solicitados por ustedes, gobierno, y en ambas ocasiones la respuesta no fue clara ni rotunda, parece más bien una interpretación por parte de ellos. Así que simplemente no queda claro si la imposición viene desde gobierno o es decisión escolar interna, escudándose en algo que quizá se dijo hace meses y no se actualizó.

La OMS afirma que los niños menores de 5 años NO deben usar el cubrebocas. Y recomienda que los niños de 6 a 12 años sólo lo usen si se encuentran en un ambiente riesgoso. Lo cual demuestra que los niños de preescolar y la mayoría de los niños de primaria no deberían usarlo diario en la escuela.

Todos podemos entender lo insoportable que es traer cubrebocas. Todos sabemos que no es saludable estar respirando el mismo dióxido de carbono que ya sacamos, o si no quieren irse por lo saludable, simplemente no es agradable. La pandemia nos mostró un millón de incongruencias a todos… Y como adultos hemos podido discernirlas, quejarnos y hasta reírnos de ellas. Pero, ¿qué pasa con los niños? Ellos también las ven, las sienten y sobre todo las sufren. ¿No creen que ya es momento de pensar en ellos?

Entiendo que la presión de los padres de familia con respecto a este tema debe estar dividida en dos, ¿por qué no dejarlo a juicio de cada quién? Querétaro se ha caracterizado por ir a la vanguardia, ¿por qué no continuar así? Espero que algo de esto sirva para ayudarlos a ser conscientes de la gran responsabilidad que tienen entre sus manos, y a ser valientes por nuestros niños. Sumémonos como estado a la insatisfacción que lleva al progreso.

 

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