Crónica: Halloween a la threenager

Halloween
Crónica: Halloween a la threenager

Este ciclo escolar entramos a una nueva escuela. Acá, lo más importante es el niño, el ser humano considerado de forma integral, como un todo. Y como seres sociales que somos, también le dan mucha importancia a la comunidad y las actividades que ésta conlleva. Como Halloween.

El Halloween, como en la mayoría de las escuelas, es una gran fiesta de disfraces. La diferencia es que, al menos esta vez, hubo una temática por salón. Me imagino que es, justamente, para darles sentido de pertenencia en su grupo y seguir fortaleciendo esa comunidad. A mi hijo mayor le tocó ir de Minion, siendo la maestra Gru, y según me contó, esto se decidió de forma democrática, con base en una votación que hicieron en el salón. Por lo que todos sabían que el personaje que les tocaría encarnar, se había elegido con justicia. Además, hubo un concurso de disfraces y ellos ganaron en primaria baja, lo cual agregó todavía más sentido al trabajo colaborativo y motivación en los niños.

Mi hijo menor, con sus tres añotes bien cumplidos y al parecer tatuados en la sangre y en la frente, con su voz dominante y demandante y sus cambios de humor constantes, tuvo un proceso más autoritario y a la vez más libre: todo kínder iría disfrazado con personajes del famoso Trick or Treat estadounidense: tiernas brujitas, calaveritas, calabazas y mini-Frankensteins desfilando por ahí. Así, en teoría, las mamás no tendríamos complicación alguna.

Mejor déjenme platicarles cómo funciona un niño de tres años en la vida práctica familiar:

Principios de octubre:

  • Mi amor, ¡te tocó ir disfrazado de algún personaje de Halloween! ¡Qué padre! ¡Tenemos el disfraz de calavera!
  • No quero ir de calavera.
  • ¿No? ¿Por? ¿De qué quieres ir?
  • De araña.
  • ¿De araña? No tenemos disfraz de araña. ¿Viste algún disfraz de araña?
  • Quero ser araña.

Ok. Mamá se mete a Amazon a buscar un disfraz de araña. $800 pesos para que lo use una vez. No. Vamos a ver si hay uno más barato en el súper. Nada. Papá busca en los puestos de Halloween. Nada.

  • Mi amor, ¿por qué no te pruebas el de calavera? ¡Te prometo que está padre!
  • No y no y no. Quero ser: a-raaaa-ña (hasta lo corta en sílabas porque parece que mamá no entiende).

Mamá se mete a sus 28 chats de mamás:

  • Oigan, ¿alguien que se apiade de mí y me preste un disfraz de araña talla 3? No puedo sacar a mi hijo de la idea de ir de araña.
  • No…
  • No…
  • No…
  • ¡YO! Está viejito y huele a polvo, pero te lo presto con mucho gusto.
  • Uff, ¡gracias! Paso por él hoy.

Paso por mi hijo a la escuela:

  • Amor, ¿qué crees? Ya conseguí un disfraz de araña, ¿vamos por él?
  • ¿Mío? ¡Sí! ¡Yes, yes!!!

Llegamos a la casa después de recoger el bendito disfraz, se baja corriendo con él en mano y a los 10 segundos, que entro yo a la casa, ya se lo había puesto Y quitado. Estaba FU-RIO-SO. ¿Qué podría haber pasado en los 10 segundos que me tardé en entrar para generar un giro tan drástico?

  • ¡¡¡Es un vestido!!!
  • ¿Cómo que un vestido?
  • El disfraz de araña es un vestido. No me voy a poner un vestido.

Le expliqué que lleva pants negros abajo, que sus piernas son como las patas número siete y ocho de la araña pero no hubo forma.

Así que llevé el disfraz a una costurera, le pusieron una unión entre las piernas para que fueran “shorts” y no vestido. Y, según esto, ya estaba tranquilo y hasta contento.

En la noche anterior a la fiesta de la escuela le pusimos los ocho ojos que él quería al gorrito. ¡Listo! Nos fuimos a dormir con disfraz completo y muy satisfechos.

¡Oh sorpresa! A la mañana siguiente, cuando no quiso POR NINGÚN motivo ponerse el disfraz de araña.

Y, ¿adivinen de qué se fue disfrazado?

¡De calavera!

Sí, queridos, así la vida en un día común y corriente de un threenager sin disfraz alguno.

 

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