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Mexicali combate crisis sanitaria por sobreconsumo

Ante el aumento del uso de drogas intravenosas en Mexicali, BC, donde 20% de los cadáveres analizados por el Semefo dieron positivo a fentanilo, la ciudad se ha convertido en un foco rojo de la crisis de opioides en México. Lejos de soluciones oficiales eficaces, son las organizaciones civiles las que han creado redes de contención para reducir los daños colaterales del consumo.

Una de estas respuestas es la “Sala Segura”, un espacio de consumo supervisado que rompe con el modelo punitivo tradicional y se enfoca en salvar vidas, brindando asistencia inmediata en casos de sobredosis, prevención de enfermedades y acompañamiento.

De la criminalización al cuidado

Durante décadas, la política antidrogas en México ha sido de corte punitivo: perseguir al usuario y castigar al consumidor. Pero en Mexicali, la realidad ha forzado un cambio. La implementación de estrategias de reducción de daños como las salas seguras, distribución de jeringas limpias y acceso a naloxona, ha demostrado ser más eficaz que cualquier operativo de seguridad.

Estos enfoques no solo disminuyen los contagios de VIH y hepatitis, sino que también generan entornos más seguros para comunidades afectadas por la marginación y la pobreza extrema.

Una ciudad partida entre la adicción y la esperanza

Mexicali es hoy una ciudad partida: entre quienes pueden costear una clínica de desintoxicación, y quienes sobreviven con una dosis de 50 pesos diarios. Para estos últimos, el acceso a un lugar seguro donde consumir puede representar la diferencia entre la vida y la muerte.

Las historias de usuarios como Jorge y Rubén, quienes enfrentan adicción severa, muestran que el consumo no es un acto voluntario, sino un impulso físico y mental devastador. La “cruda” del fentanilo, como la describen, es “peor que morir de hambre”.

La batalla de los que se quedan

Joel Benavides y su equipo en Nueva Vida se han convertido en actores clave. Con recursos limitados, dan atención integral a cientos de usuarios, aunque reconocen que los tiempos de recaída son cada vez más cortos. “Antes recaían en meses. Ahora, en semanas”, asegura.

La única salida sostenible, coinciden los especialistas, es la prevención temprana: educación sobre drogas desde las escuelas, promoción de la salud mental y un cambio de narrativa sobre los consumidores.

Una política de vida, no de muerte

La lección de Mexicali es clara: el castigo no salva vidas. El acompañamiento sí. Las experiencias de reducción de daños están salvando vidas todos los días, mientras que las políticas punitivas siguen dejando cadáveres en la morgue.

Redacción

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