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CEDA disfruta de tradición y sabor con tamales de Jalatlaco

Nota publicada por Excélsior

Ciudad de México, 5 Abril.- La rutina de Josefa González Ugalde no ha cambiado desde hace casi 50 años.

Empieza un día antes con la compra de insumos para hacer tamales y atole, después se levanta a las 3:00 horas, termina su preparación, toma un taxi y llega a la Central de Abasto para atender a su fiel clientela, algunos desde hace 35 años.

Rajas con queso en salsa de jitomate, champiñones en chile guajillo, pollo en mole verde y carne de cerdo en adobo, son algunas de sus especialidades, pero también prepara de huanzontle, por temporadas. Champurrado, atole de pinole, nuez y piña, completan la oferta cotidiana de la orgullosa cocinera mexiquense.

Hago tamales desde que era una jovencita, primero le ayudaba a mi mamá en Jesús María, pero desde que se abrió la Central me vine siguiendo a varios de mis clientes, que eran comerciantes de la Merced”, platica la señora de 65 años.

Originaria de Jalatlaco, Estado de México, “doña Jose” se ubica a un costado del puente peatonal que conecta el paradero Poniente de la CEDA con el Sector Frutas y Legumbres. Ahí, a unos pasos del estacionamiento de la cabecera en la nave M-N, sigue con su ritual.

Desde chica he preparado comida, a eso me dedico y con eso he criado a mis tres hijos, me gusta, pero además no sé hacer otra cosa”, platica entusiasta una de los 142 vendedores de tamales que operan al interior del mercado mayorista de Iztapalapa.

Orgullosa asegura que la Central es tan noble que a todos nos da para comer y “hasta para más”, hace énfasis mientras despacha un atole de masa con moras.

Y es que la comerciante también ha aprendido a cuidar la salud de sus clientes, con diversas recetas.

El pinole es muy sano, ya no le echo tanta azúcar, para que no se me vayan a enfermar. De a poco metí tamales de champiñones o de queso, porque luego hay gente que no puede comer carne; también me compran unas señoritas que se está cuidando y pues las complazco”, señala entre risas.

Actualmente se da un respiro y acude tres veces por semana a la CEDA, tiempo libre que utiliza para ir al médico, visitar a sus familiares o simplemente descansar, pero los tamales siguen llegando a la Central de Abasto capitalina.

Sigo porque me gusta y me pone de buenas ver sus caras de felicidad cuando llego a vender, pero si no vengo uno de mis hijos trae los tamales; no fallamos. Esta gente chambeadora de la Central es nuestra mayor razón para venir”, culmina.

Redacción

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