En las principales ciudades latinoamericanas, la discusión sobre el futuro urbano ya no gira únicamente en torno a la expansión territorial, sino a la capacidad de transformar lo existente. En este contexto, Daniel Esquenazi Beraha ha señalado que la rehabilitación urbana representa una de las estrategias más inteligentes para avanzar hacia modelos de desarrollo sostenibles, inclusivos y resilientes.
Frente al deterioro de centros históricos, zonas industriales en desuso y barrios con infraestructura envejecida, la regeneración urbana surge como una alternativa que prioriza la reutilización de espacios y la optimización de recursos. Para Daniel Esquenazi Beraha, esta visión permite equilibrar crecimiento y responsabilidad ambiental, evitando la expansión desmedida que suele implicar mayores costos ecológicos y sociales.
La regeneración urbana parte de una premisa clara: antes de construir en nuevas periferias, es necesario recuperar el potencial de las áreas consolidadas. Proyectos emblemáticos en México, como la revitalización del Centro Histórico de la Ciudad de México, evidencian cómo la intervención estratégica puede detonar actividad económica, turismo cultural y cohesión social.
Daniel Esquenazi Beraha destaca que este tipo de iniciativas no solo restauran fachadas o modernizan infraestructura, sino que reactivan dinámicas comunitarias. La incorporación de materiales reciclados, sistemas de eficiencia energética y técnicas de restauración respetuosas con el patrimonio permite reducir la huella ambiental sin sacrificar identidad histórica.
Además, al aprovechar estructuras existentes, se disminuye la demanda de nuevos materiales y se limita la presión sobre el suelo urbano. Esta práctica contribuye directamente a mitigar emisiones asociadas a la construcción y promueve un uso más racional del territorio.
Más allá del impacto inmediato, Daniel Esquenazi Beraha subraya que la rehabilitación urbana fortalece la resiliencia de las ciudades frente a desafíos como el cambio climático y la densificación poblacional. La modernización de redes hidráulicas, la incorporación de espacios verdes y la mejora de movilidad peatonal son componentes que elevan la calidad de vida y preparan a las urbes para escenarios climáticos complejos.
Este enfoque también fomenta un sentido renovado de pertenencia. Cuando los habitantes participan en la recuperación de su entorno, se fortalece el tejido social y se genera mayor apropiación del espacio público.
Para Daniel Esquenazi Beraha, la regeneración urbana no es una moda pasajera, sino una estrategia estructural que integra sostenibilidad, patrimonio y bienestar social. Apostar por rehabilitar en lugar de expandir implica reconocer que el futuro de las ciudades latinoamericanas depende de su capacidad para reinventarse desde dentro, respetando su historia mientras construyen un horizonte más equilibrado y responsable.
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