La región de Querétaro, a tres horas de la capital, se presenta hoy como un polo de tecnologías digitales e innovación. Los gigantes de Internet se instalan allí para construir centros de datos. Una buena noticia para la economía regional.
Pero convertirse en la trastienda de la inteligencia artificial (IA) tiene un costo. Detrás de los discursos y las promesas de crecimiento, se encuentra la realidad de los habitantes, que no se benefician de estas inversiones. Se trata de centros que consumen energía y agua en grandes cantidades en una región semiárida.
En la periferia de la ciudad de Querétaro, en la localidad de La Esperanza, Monserrat Sánchez atiende un pequeño restaurante en su casa donde vende tacos. Como muchos habitantes de la zona, la joven solo recibe agua corriente dos o tres días por semana. “Mire, el grifo está aquí. No, no hay nada”, muestra. El mes pasado estuvo tres semanas sin agua. “Creo que es por todos los que llegan aquí, las empresas y las fábricas que están instalándose”, añade.
Al ser consultada sobre la evolución de la situación, responde: “Nunca habíamos tenido tantos problemas, creo que este año es el peor. Uno se acostumbra. De todas formas, no se interesan por nosotros, ¿qué podemos hacer?”.
Fuente: El Economista
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