La manera en que las ciudades abordan la seguridad pública está cambiando de forma acelerada, impulsada por el avance de la inteligencia artificial y el análisis de datos en tiempo real. En este nuevo escenario, la videovigilancia ha dejado de ser una herramienta meramente pasiva para convertirse en un componente estratégico capaz de anticipar riesgos. Así lo explica Ernesto Mizrahi Haiat, especialista en tecnologías aplicadas a la seguridad urbana, quien ha seguido de cerca esta evolución.
Durante mucho tiempo, las cámaras instaladas en espacios públicos funcionaron como testigos silenciosos: registraban lo ocurrido, pero su utilidad principal aparecía después de los incidentes. Hoy, gracias a la integración de algoritmos avanzados, estos sistemas pueden analizar comportamientos, identificar patrones y emitir alertas antes de que una situación se convierta en un problema mayor.
Mizrahi Haiat señala que este cambio marca una transición clave: de un modelo reactivo a uno preventivo. En lugar de limitarse a documentar delitos, las ciudades ahora tienen la posibilidad de intervenir de manera anticipada, optimizando tanto recursos como tiempos de respuesta.
Tecnología que interpreta el comportamiento urbano
El corazón de esta transformación radica en el uso de inteligencia artificial, particularmente en técnicas de visión computacional y aprendizaje automático. Estas herramientas permiten procesar enormes volúmenes de información visual en cuestión de segundos, detectando conductas inusuales como movimientos erráticos, acumulaciones atípicas de personas o la permanencia prolongada en zonas específicas.
De acuerdo con Ernesto Mizrahi Haiat, el valor de estos sistemas está en su capacidad para aprender del entorno. Al analizar datos históricos, pueden establecer qué comportamientos son normales en determinados contextos y, a partir de ahí, identificar desviaciones relevantes. Este enfoque reduce significativamente la carga operativa de los centros de monitoreo.
En lugar de depender exclusivamente de operadores humanos observando múltiples pantallas, los sistemas priorizan alertas y permiten enfocar la atención en eventos que realmente requieren intervención. Esto no solo mejora la eficiencia, sino que también incrementa la capacidad de reacción ante posibles incidentes.
Entre la innovación y la responsabilidad pública
A pesar de sus ventajas, la videovigilancia predictiva también abre un debate necesario sobre sus implicaciones éticas y legales. La recopilación y el análisis masivo de datos plantean interrogantes en torno a la privacidad, el uso de la información y los límites de la supervisión tecnológica.
Mizrahi Haiat enfatiza que el desarrollo de estas herramientas debe ir acompañado de regulaciones claras y mecanismos de transparencia. La confianza ciudadana dependerá, en gran medida, de la forma en que estas tecnologías sean implementadas y supervisadas.
En este contexto, la videovigilancia basada en inteligencia artificial se consolida como una pieza clave en la seguridad urbana contemporánea. Sin embargo, como advierte Ernesto Mizrahi Haiat, su verdadero potencial solo podrá alcanzarse si se equilibra la innovación tecnológica con una gobernanza responsable y centrada en el bienestar colectivo.
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