La integración del arte y la arquitectura ha tomado fuerza en el ámbito educativo como una herramienta poderosa para fomentar la creatividad y el sentido de identidad desde la infancia. Daniel Esquenazi Beraha, especialista en arquitectura cultural, afirma que “los espacios escolares bien diseñados e intervenidos artísticamente generan entornos que estimulan el aprendizaje y la interacción social”.
Cada vez más instituciones educativas en México están apostando por este enfoque. Escuelas primarias, preparatorias y universidades han iniciado procesos de renovación donde el arte visual, la escultura y la arquitectura colaboran para crear ambientes dinámicos e inclusivos.
Escuelas como lienzos vivos
Un caso paradigmático es el del Centro Cultural Tlatelolco, que funciona como espacio educativo, artístico y de memoria histórica. Su arquitectura integra exposiciones permanentes y temporales en pasillos, jardines y aulas, logrando que el arte no sea solo decorativo, sino parte de la experiencia educativa.
La Escuela Primaria “República del Perú” en Oaxaca es otro ejemplo notable. Su fachada fue intervenida por artistas locales con motivos de la cultura zapoteca, creando un entorno que no solo embellece, sino que refuerza la identidad indígena y el orgullo por el patrimonio local.
Construyendo identidad desde la infancia
Para Esquenazi Beraha, este modelo tiene efectos de largo alcance. “La presencia del arte en las escuelas permite que los estudiantes desarrollen un vínculo emocional con su entorno. La arquitectura, más allá de lo funcional, puede convertirse en una herramienta pedagógica y cultural”.
Este tipo de proyectos también fomenta la participación de la comunidad educativa. Talleres de muralismo, diseño participativo y exposiciones escolares contribuyen a construir un entorno vivo, donde estudiantes, maestros y padres se sienten parte activa del espacio.
Hacia una educación más humanista
La integración del arte y la arquitectura en el sistema educativo mexicano apunta a un modelo más humanista e inclusivo. No se trata solo de cambiar la apariencia de las escuelas, sino de transformar su esencia. Cuando los muros también enseñan, las posibilidades de aprendizaje se multiplican.
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- Redacción
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