¿Independientes o sin partido?

2

abril

Autor: Zansmez

Por Ignacio Anaya

Ciudad de México, 2 Abril.- Empieza abril y también las campañas para elegir nuevo Presidente de la República. Entre los prospectos para gobernar México los próximos seis años está incluida Margarita Zavala, candidata independiente con trayectoria en el Partido Acción Nacional y esposa de un expresidente.

No será la suya la primera candidatura independiente por la Presidencia, pues la historia del país refiere esta figura en muchas contiendas hasta 1946, cuando una reforma política concentró en los partidos el derecho exclusivo de postular candidatos. Desde el 2012 otra reforma lo permite nuevamente.

Pero, ¿en realidad hay candidatos independientes? ¿O sólo son independientes de la figura electoral con la que participan? No hay filtros para saberlo, más algo es real: entre las elecciones del 2015 y las del 2018 se ha incrementado su número. Este 1 de julio también serán votados 7 candidatos sin partido al Senado de la República y 39 más a la Cámara de Diputados. Muchos de ellos, hay que subrayarlo, con trayectoria partidista previa.

Por eso, el cuestionamiento es obligado: ¿qué significa una candidatura “independiente”? Formalmente no hay respuesta. En la Ley General de Instituciones y Procedimientos Electorales se reconoce esa figura política, sin conceptualizarse ni mucho menos definirse.

De acuerdo a la ley, un candidato es independiente si solicita participar en cargos de elección popular al margen de los partidos políticos. Los requisitos para aspirar a esa denominación, sin embargo, en ningún momento plantean demostrar la independencia partidista. Es decir, estamos frente a una laguna de amplia dimensión jurídica y electoral. Suponer que basta con postularse sin partido político constituye un planteamiento demasiado reduccionista.

Y éste es el punto que debería revisarse, porque el actual proceso electoral ha permitido borrar trayectorias significativas de muchos políticos que al dejar sus respectivos partidos trazan un “borrón y cuenta nueva” frente a hechos pasados que no pueden dejarlos de significar en la opinión pública.

El mejor ejemplo lo representa Jaime Rodríguez Calderón, actual gobernador de Nuevo León, quien ganó ese cargo tras renunciar a una larga militancia en el Partido Revolucionario Institucional y postularse por la vía independiente. Mucho se ha especulado respecto de los fuertes lazos con los que Rodríguez Calderón afianzó su emergente poder, pero lo más relevante es que quedó en entredicho su condición de independiente, lo cual ha podido constatarse por la forma en que ejerce el poder, por sus alianzas y equipo de gobierno. El fallido intento para postularse nuevamente como candidato independiente, pero ahora por la presidencia del país -en la actual contienda- parece dar la razón a quienes cuestionan severamente la autonomía que dice tener.

Y bajo este mismo principio es como debe evaluarse el proceso reciente por el cual decenas de ciudadanos solicitaron al Instituto Nacional Electoral su registro sin aval partidista: 4O para la presidencia de la república, otro 48 para el Senado y 240 para la Cámara de Diputados. Casi todos reprobaron los lineamientos establecidos por el INE, si bien a ninguno se le investigó su independencia.

Hay trayectorias de autonomía partidista contundente como las de Manuel Jesús Clouthier Carrillo y José Pedro Kumamoto Aguilar, quienes en 2015 ganaron diputaciones de manera independiente y ahora buscarán un escaño senatorial por Sinaloa y Jalisco respectivamente. Pero ese principio sigue escaso, al menos entre quienes se inscribieron para obtener registro bajo dicha figura electoral.

Es importante, no obstante, detenerse en el perfil de quienes intentaron registrarse ante el INE sin éxito, como ha sido el caso de María de Jesús Patricio Martínez, representante del Consejo Nacional Indígena, quien no obtuvo las firmas que le permitieran contar con el 1% del padrón electoral para poder postularse a la presidencial del país.

A lo largo del proceso para aprobar los requisitos establecidos en la ley, el INE recibió cientos de miles de firmas de apoyo alteradas o falsas. Se trata de una vulgar trampa que desmiente el sentido de pulcritud que una eventual “candidatura independiente” podría tener frente a los usos tradicionalmente atribuidos a los partidos políticos.

La experiencia mexicana con candidaturas independientes en varios cargos de elección apenas inicia. Falta por atender todavía el desarrollo de sus campañas, los problemas que enfrentarán para movilizar simpatizantes, el impacto mediático, su monitoreo en las encuestas y, sobre todo, la capacidad operativa de cada equipo de campaña.

Hay excepciones, sin duda, pero este 2018 el perfil mayoritario de los candidatos independientes más bien parece ser el de una legión de candidatos sin partido. Sólo eso.

Publicación original de Excelsior

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