El terrorismo y sus imágenes… ¿aceptarlas o callarlas?

4

septiembre

Autor: Melisa Zanatta

Por Ignacio Anaya

Ciudad de México, 4 Sept.- Nuevamente están bajo la lupa las imágenes de víctimas en atentados terroristas. Diferentes voces se han alzado contra la exhibición de cuerpos violentados, más allá de si estén con vida o no. Se considera inhumano, sobre todo carente de ética, obtener y difundir esos contenidos.

La tragedia provocada por extremistas del Estado Islámico en el paseo de Las Ramblas, el pasado 17 de agosto en la ciudad de Barcelona, derivó en este punto -entre otros debates- luego del alud de críticas a través de las redes sociales en contra de quienes usando sus teléfonos celulares se dieron a la tarea de grabar la parte más sensible: la pérdida de vidas humanas.

Esa andanada de críticas luego se volvió contra los medios de comunicación que recogieron dichas imágenes, tomadas de las redes sociales o a través de sus reporteros, para divulgarlas también de manera masiva.

En su debida dimensión, la imagen de cuerpos sin vida o con heridas en la cosmopolita ciudad española revivieron la crítica que algunas cadenas de televisión norteamericanas recibieron por difundir videos con cuerpos que caían, aparentemente como expresión de suicidios, de una de la torres gemelas siniestradas durante los atentados de Al Qaeda el 11 de septiembre del 2001. Entre uno y otro suceso se han contabilizado muchos actos terroristas en países occidentales, casi todos con sus respectivos reproches a esa inevitable necesidad o pertinencia de divulgar ámbitos tan dramáticos y deshumanizados como un cuerpo cruelmente asesinado.

¿Existen límites de cobertura para camarógrafos y fotógrafos frente a la tragedia humana? ¿Comete un delito el ciudadano equipado con algún dispositivo móvil por filmar esos horrores? Escribió hace tiempo Susan Sontag que los acontecimientos usualmente representados siempre se entienden como resultado de la ira, humana o divina. Lo cierto es que a esa afirmación no la ha faltado verdad. Pues así como existe una incontrolable necesidad informativa por dar cuenta, con detalles y descripciones, de la crueldad humana, también existe la correspondiente necesidad de mirar, escuchar e incluso tocar los registros de toda barbarie.

Las atrocidades de nuestro siglo no son diferentes a las centurias pasadas. La única diferencia es que hoy contamos con las herramientas para capturarlas o recrearlas mediante imágenes fijas y en movimiento.

La presión de quienes no consideran necesario tomar y divulgar los citados con – tenidos pierde sentido frente a los documentos gráficos de la historia. Quizá nada como la impresionante exposición del Museo del Holocausto para ejemplificar. Sostener y compartir el registro de las atrocidades que nuestra especie puede cometer tiene sus beneficios y son de tipo didáctico pero sobre todo se convierten en pruebas de los niveles que pueden alcanzarse cuando la barbarie se presenta.

El asunto, sin embargo, no es tanto qué registran una cámara fotográfica o de video. El dilema puede aparecer por el tipo de lente con el cual se observe la agenda mundial. Personalmente creo que los reporteros y los equipos de producción (camarógrafos o fotógrafos) están obligados a levantar toda imagen que documente el suceso cubierto. Toca a las redacciones y a las jefaturas de información determinar cómo presentarlas pues resulta difícil que algún medio o portal electrónico restringa sus directrices editoriales para proyectarse políticamente correcto frente a las voces que consideran innecesario grabar esos extremos de violencia.

Nuestro país y en general todo el mundo se está revelando de manera descarnada, sin tapujos. No puede haber periodismo ajeno al registro del dolor, del salvajismo, de los extremos, del fanatismo. Cada medio de comunicación construye su audiencia y, en esta impronta de libertades, las audiencias escogen el tipo de periodismo que quieren consumir.

Se vale negarse a mirar la realidad. Se vale rechazar imágenes de la violencia cruda. Se vale pedir gatos en lugar de aceptar los cuerpos atropellados e inertes que denuncian la miseria existencial. Se vale pensar de otra manera, pero lo que no se vale es tratar que los demás piensen distinto.

Varios medios resuelven el dilema sacando de foco el rostro de las víctimas o trasladando al blanco y negro el color de una masacre. Esas definiciones en materia de contenido son respetables, como también deben serlo quienes consideran que ninguna noticia debe disimularse.

El terrorismo, tanto como la xenofobia u otras expresiones de odio sólo podrán enfrentarse y derrotarse en la medida que sus atrocidades puedan documentarse, incluso en el momento de deslindar responsabilidades aplicándoles el peso de la ley.

La regulación de las redes sociales constituye otro debate pero, desde mi perspectiva, los directivos de estos emporios deben voltear a la experiencia acumulada de los medios de comunicación, porque una noticia no es lo que sucede, sino la forma en que se di – funda y ahí está la primera cláusula a imitar.

Publicación original de Excelsior

Articulos Relacionados

Todo por ser mujer: Margarita Zavala

Por: Margarita Zavala Ciudad de México, 18 Sept.- El sentimiento es colectivo y unánime....

- 18 septiembre, 2017

Por: Melisa Zanatta

Conoce los 3 principios emprendedores que nos llevaron al senado

Edwin Moreno Ciudad de México, 11 Sept.- Hace tiempo tuvimos el gusto de organizar...

- 11 septiembre, 2017

Por: Melisa Zanatta

Entre huracanes y escombros, semana difícil: Margarita Zavala

Margarita Zavala Ciudad de México, 11 Sept.- Semana difícil para nuestro país. La naturaleza...

- 11 septiembre, 2017

Por: Melisa Zanatta